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Liderando una comunidad de coworking rural de diseño vanguardista

Marc Navarro
Nov 18, 2021
Liderando una comunidad de coworking rural de diseño vanguardista

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Sònia Esteve, diseñadora gráfica de treinta años y fundadora de El Local Coworking en Guissona (Lleida) no pierde ni un segundo para empezar a contarme como empezó su relación con el coworking, porque aunque se nota que no le gusta el protagonismo, nos explica su historia con la naturalidad de alguien que cree que lo que ha conseguido no es nada. “Hace ya cinco años mientras trabajaba como diseñadora desde casa empecé a darme cuenta que ni era eficiente, ni productiva ni era capaz de mantener rutinas de trabajo. Después de dos años así decidí que aquello no podía continuar y tenía que hacer un cambio: necesitaba poner orden en mi vida”. La familia de Sònia tenia un espacio a pie de calle y decidió crear su estudio de diseño allí para separar su vida personal de la profesional, darle visibilidad y facilitar el acceso de sus clientes. Sin embargo, la idea de continuar estando sola encerrada en un espacio le resultaba muy poco atractiva: “¿Qué aburrido no? Ocupar 15 de un espacio de 200m2 parecía casi absurdo. Y entonces empecé a investigar porque aunque había oido hablar un poco de coworking no tenia ni idea de lo que realmente era”. En este momento su timidez inicial se transforma en una sonrisa de oreja a oreja cuando recrea mentalmente cómo nació el proyecto que hoy es El Local Coworking: “descubrí que eran espacios donde las personas conectaban, pasaban cosas, habían sinergias, se podían crear proyectos conjuntos,… cuando iba leyendo más y más pensaba esto es lo mio, esto es lo mio”. Al final, decidió volver a Guissona y lanzarse a la piscina “sin saber muy bien qué podía pasar”. Después de algo más de medio año de reforma y pedir una ayuda del programa Leader para emprendedores en territorios rurales que tan solo cubría el 30% del coste de la reforma y un crédito para pagar el resto El Local Coworking, en septiembre de 2018, se convirtió en una realidad. “Hicimos una inauguración con un concierto muy guay y abrimos el espacio”. Sentí curiosidad por todo el desarrollo y decidí pedirle que me contara más en detalle cómo vivió el proceso de apertura de un espacio en un territorio rural como Guissona.

“Antes de abrir había ido a charlas, había visitado otros coworkings y siempre me decían: lo peor es abrir sola. Yo antes de abrir pensaba… ¿pero quién querrá venir antes de abrir? Aunque no creía que fuera a marcar la diferencia empecé a hacer difusión y pedagogía en redes sociales (aunque ahora la gente en Guissona sabe lo que es un coworking en aquel momento no conocían el concepto) y entonces pasó: una chica se interesó por el espacio cuando aún faltaban tres o cuatro meses para acabar las obras”. Finalmente Sònia y su primera coworker (a la que no pudo convencer de esperarse) empezaron a trabajar en el primer piso del espacio, que estaba más o menos terminado, mientras en la planta baja las cosas estaban “del revés” y los operarios picaban todo el día mientras finalizaban la obra. Y así, en un espacio con una pequeña superficie en la que ni siquiera había internet o climatización y apenas se podía trabajar, Sònia consiguió (pese a su oposición) tener un espacio de coworking y se olvidó del miedo de abrirlo sola. Otra de las cosas que hizo, fue hacer un listado de todas las personas freelancers que podían estar interesadas en el espacio e invitarlas a la inauguración. “Aunque algunas vinieron al evento ninguna de ellas se ha interesado jamás por trabajar en el espacio, que creo que ya es un tópico”.

Primera planta de El Local Coworking después de la inauguración

La experiencia de Sònia repasa algunas de las situaciones a las que nos solemos enfrentar al abrir un coworking: por un lado abrir un espacio estando solo es horrible ya que dificulta la venta, y por otro es ya un tópico que los/las freelancers que tenemos en la cabeza no se sumen a tu proyecto y que tus miembros acaben siendo freelancers que quizá no sabias ni que existían. El recibimiento del pueblo al espacio fue muy bueno: “venían muchas personas, tocaban el timbre y me pedían que se les enseñara”. Sònia se tomó el tiempo de hacerles a todas esas personas un tour del lugar y lejos de ser una pérdida de tiempo logró conseguir decenas de prescriptores/as perfectos que luego le generaron ingresos al recomendar su espacio a otras personas. “Le dediqué mucho esfuerzo a las redes sociales al principio, pero lo que me funcionó mejor es el boca oreja”.

Otro de los efectos colaterales de su trabajo promocionando El Local Coworking fue que su visibilidad se incrementó exponencialmente y los encargos para su estudio de diseño gráfico se multiplicaron hasta el punto de tener que contratar a una persona: ya eran tres. Una de las anécdotas divertidas viene del hecho de estar ubicadas en una calle sin salida: “delante de nuestro espacio veíamos personas que aparcaban el coche y se ponían a trabajar con el portátil desde su vehículo. Coloqué un cartel gigante en la fachada para ofrecer una alternativa a estas personas”. Sin embargo, aunque permitía al espacio facturar más no eran el tipo de miembros que, en caso de poder elegir, Sònia buscaba: “lo que yo quería eran personas que hicieran vida en el espacio”. Un año después se incorporaron dos arquitectos, pasando de tres a cinco miembros en un lugar diseñado para, y “a partir de ahí las cosas empezaron a funcionar solas y el espacio se ha ido llenando hasta que a día de hoy tenemos todas las salas y oficinas llenas, excepto una que tenemos vacía para poder dar servicio a personas que vienen de manera puntual".

Una de las cosas por las que ha pasado de puntillas con toda naturalidad del mundo es su visión sobre la comunidad que estaba construyendo: debemos enfocarnos en conseguir el tipo de comunidad que queramos, pero por el camino, mientras tengas disponibilidad debes acoger a perfiles que, siempre que no te perjudiquen en la consecución de tu objetivo, te ayuden a pagar facturas hasta que consigas la comunidad perfecta. La historia del cartel es obviamente un claro ejemplo: sabia que no era el tipo de cliente perfecto para su proyecto pero era absurdo no aprovechar la oportunidad que le ofrecía su ubicación.

Uno de los temas que es imposible pasar por alto cuando hablamos de El Local Coworking es la calidad del espacio a nivel de diseño y acabados. La realidad es que tanto a mí, que tengo experiencia trabajando con distintos espacios a nivel rural, como a personas que trabajan prácticamente el 100% del tiempo en este tipo de espacios el proyecto nos sorprendió. ¿La razón? Los espacios en estos entornos con un público potencial y una densidad de habitantes menor suelen ser mas pequeños por tanto tener un menor retorno y, obviamente, la inversión está totalmente relacionada con el retorno que el espacio puede dar.

“No fue algo pensado, la intención no era hacer un espacio super chulo. Es cierto que soy diseñadora y me gustan las cosas bien hechas, prestar atención al detalle e implicarme en los proyectos pero creo que un aspecto fundamental a la hora de plantear una inversión de estas características es el hecho de que el espacio es de propiedad, y, por tanto, el dinero que invertimos se convertía en patrimonio”.

En la industria de los espacios de trabajo flexible el negocio es muy distinto cuando eres propietario del asset y obviamente cualquier mejora que haces pasa a formar parte tu patrimonio. Es una mirada a largo plazo que permite obtener mas beneficios al corto:

“el papel que juega el diseño es que cuando la gente viene se enamora del espacio y se queda”. La comunidad, me cuenta, juega un papel fundamental: “no es solo el diseño, obviamente, porque si solo fuera eso la gente no se quedaría”.

El diseño en coworking ha sido muchas un factor polarizante: parece que un espacio que se destaque en ese aspecto y cuente con buenos acabados no va a tener comunidad y a la inversa. Personalmente, creo que ejemplos como el de Sònia nos muestran que el mundo no está hecho de blancos y negros, sino de tonos de gris y que en un coworking como El Local el diseño juega un papel fundamental tal como lo juega la comunidad,  lejos de ser dos aspectos contrapuestos en realidad se complementan para atraer a personas que son “design conscious” y que a su vez deciden quedarse porque han encontrado una familia.


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Feliz Coworking!

Marc Navarro

Coworking and organization consultant. Content Director of the CoworkingSpain Conference. Created the coworking with social return concept.