Liderando una comunidad de coworking rural de diseño vanguardista - Parte 2

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Lee la primera parte: Liderando una comunidad de coworking rural de diseño vanguardista

Uno de los factores que suelen acompañar a cualquier charla sobre coworking en entorno rural es, por un lado, la capacidad de estos para atraer y retener talento y, por el otro, facilitar y acelerar la integración de personas que llegan a un territorio. Sònia me cuenta que en su mayoría la comunidad de El Local Coworking está formada por gente de la zona. Sin embargo, a dos personas que aunque llevaban un tiempo en Guissona no eran locales el hecho de formar parte del espacio les ayudó a hacer más vida en el pueblo: “para ambas formar parte del coworking fue clave para querer pasar más rato en el pueblo y quizá bajar menos a Barcelona los fines de semana”.

Guissona tiene una particularidad y esta se llama bonÀrea, una empresa de alimentación que distribuye por toda Cataluña. Esta empresa ha sido el principal motor de crecimiento de la población desde que empezó su expansión en 2002 cuando la población tenia menos de dos mil habitantes. “La presencia de la empresa tiene a nivel del coworking cosas buenas y cosas malas. Una de las malas es que en Guissona hay pocos freelancers: todo el mundo tiene trabajo. De hecho, si has crecido allí, cuándo acabas la carrera recibes una carta de la empresa ofreciéndote trabajo. Esto me hacía preguntar quién querría venir al espacio porque en comparación con otras poblaciones de el mismo número de habitantes tenemos menos freelancers. Pero hay una parte positiva y es que bonÀrea también trabaja con empresas externas y el coworking puede darles servicio”.

En este sentido, el diseño del espacio también ha sido clave: es un espacio al que te apetece ir a trabajar, y las empresas no se lo piensan dos veces. Algunas trabajan en El Local Coworking todo el tiempo, otras disponen de un espacio en bonÀrea, pero si no deben estar allí prefieren trabajar desde el coworking que les ofrece su propio lugar privado en un ambiente distendido. Otro de los factores en los que la presencia de estas empresas afecta al coworking es la cantidad de tráfico que llevan, “he tenido que instalar cuatro timbres para que las empresas puedan atender directamente a sus visitas”. Adaptarse a los cambios es clave. La solución resulta bastante obvia cuando te la cuentan pero la mayoría de veces los cambios son progresivos y a las personas al frente del coworking les cuesta un tiempo darse cuenta del problema porque ha ido incrementando lentamente.

El tráfico aquí es fundamental: cuanta más gente sea consciente de que existes más probable es que alguien que necesite de tus servicios te encuentre. Sònia también cede su espacio como punto de recogida a un servicio de cestas ecológicas: semanalmente más de treinta personas pasan por allí a recoger una cesta con frutas y verduras directas de productores locales.

Hall de El Local Coworking | Los días de recogida de cestas ecológicas se convierte en un almacén inmprovisado y en la tarjeta de visita del espacio

Durante la pandemia cerró dos meses “nunca tuve miedo, pero lo cierto es que no me ha afectado demasiado. La única consecuencia que ha tenido para mi es el hecho de que un proyecto que estaba a punto de empezar se quedó paralizado”. Obviamente para ella, con el coworking inaugurado hacía poco más de un año, ese contrato le daba tranquilidad para poder asumir los pagos del crédito en que se había embarcado para acometer la reforma. El proyecto acabó llegando a su espacio después de unos meses de reabrir. Más allá de esto algunas personas han pasado unas semanas trabajando en remoto desde en El Local.

La pregunta que nadie le ha hecho a Sònia Esteve es: ¿por qué su coworking no es mas caro?

“Nunca abrí el coworking buscando lucrarme: lo que quiero es que los freelancers que están aquí se queden, que estén a gusto, que tengan un espacio de trabajo que no les suponga un esfuerzo porque esta comunidad es muy importante para mí ¡pero eso no significa que no los vaya a subir nunca!” confiesa Sònia. Lo cierto es que si estás leyendo esto desde un entorno urbano, quizá te estés tirando de los pelos pero creo que no debemos ser rápidos al juzgar las motivaciones de otras personas. Por todo lo que hemos comentado en este artículo y que podríamos resumir de la siguiente manera: público potencial bajo y densidad de población baja es igual a espacio pequeño, los espacios en entorno rural no suelen ser el negocio principal de sus propietarios/as o como mínimo no suelen ser su único negocio.

El coworking siempre nos regala momentos y personas auténticas. Se hace buen coworking en grandes ciudades y pueblos pequeños, hay personas que ganan mucho dinero y hay otras que usan el coworking como una herramienta. Siempre he dicho que este es un negocio con alma y ver a personas como Sònia que buscan otra cosa, hace que quiera continuar aprendiendo de este mundo. Entiendo que su visión no es la de todos/as y que es posible que algunas personas no estarán de acuerdo pero oír que “hay proyectos que me dan la solidez económica que necesito y de los coworkers freelancers no la busco: busco otra cosa que no es dinero”.

Y con estas palabras Sònia me transporta a una época en la que el coworking aun no era una industria y en la que se mezclaba un poco de negocio y un poco de corazón.


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Feliz Coworking!