De plan B a modo de vida: Coworking en São Paulo.

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Medio argentino medio brasileño Matías Vázquez lleva diez años haciendo coworking en Sharing E.C. en São Paulo y además de eso, nos cuenta, es country manager de StartUp México, la mayor aceleradora de capital privado de Latinoamérica, co-fundador del Coworking Day en Brasil y de Colatam.

Hace ya una década se encontraba en San Antonio (Estados Unidos) atrapado en un hotel a causa de un ciclón, fue allí que leyó un anuncio de un espacio de coworking en Houston. Cuando finalmente pudo salir, tomó el auto y se dirigió hacia aquella ciudad para averiguar de qué se trataba. Lo cierto, es que cuando te cuenta esa historia consigue, en algún punto, que estés allí con él; en un momento donde nadie sabía que era coworking y en el que todo estaba por descubrir. “Para mi era un plan B” responde cuando le preguntamos porqué se metió en todo esto, y -a riesgo de equivocarnos- el plan B se convirtió en el plan A.

Éric Pérez & Matías Vázquez, cofundadores de Colatam

São Paulo es la ciudad más grande de Brasil con más de 12 millones de personas -33 millones en su área metropolitana- y su capital económica: representa el 34% del PIB del país que a su vez es el mayor de Latinoamérica después de México. Aunque su economía ahora está dominada por el sector servicios, el 38% de los bienes de consumo de todo el territorio brasileño aún se fabrican en esta región.

Adicionalmente, São Paulo tiene una característica endémica y es la presencia de grandes empresas extranjeras. Según Wikipedia el 63% de las compañías internacionales con negocios en Brasil tienen su sede central en la ciudad paulista, destacando especialmente la actividad de empresas alemanas y suecas (su mayor hub industrial después de Göteborg).

Hace años, cuando la mayoría de coworkers eran freelancers o pequeñas empresas, la presencia de un gran comunidad de profesionales extranjeros era sinónimo de un sector del coworking desarrollado. Si bien esto no ocurrió de manera clara en São Paulo en años anteriores, cuando observamos el crecimiento de jugadores como WeWork -amada por unos, odiada por otros pero siempre atenta al negocio y sus dinámicas- e IWG (Regus y Spaces) vemos como ambas empresas han visto una oportunidad allí porque la oferta actual de ambos es superior en esta ciudad que en Ciudad de México.

Obviamente, existen otros factores a tener en cuenta en la comparación de ambos mercados, tanto los macroeconómicos (desempleo, PIB per cápita, etc.) como otros específicos del sector: por ejemplo la presencia de importantes actores locales, como el caso de IOS Offices que sólo en CDMX dispone de una cantidad de centros similar a cualquiera de sus competidores internacionales pero liderando el mercado en la franja más alta del mismo.

“Cuando empecé -nos cuenta Matías- tan sólo había dos espacios en São Paulo. No existía ningún marketplace, la gente no conocía el concepto y yo no sabía si en seis meses cerraría las puertas. De ahí nació el interés por empezar con el Coworking Day para facilitar que nos conocieran”.

Lo que me cuenta nos recuerda a las trayectorias de muchos veteranos del coworking, algunas con más altibajos que otras. En el caso de Sharing E.C., por ejemplo, tuvo que modificar su estrategia en cuatro ocasiones, tanto a nivel de posicionamiento como en algunos casos a nivel de espacio físico. “Pasamos de un espacio abierto a uno totalmente cerrado con oficinas privadas. Al cabo de un tiempo, nos dimos cuenta que las personas se encerraban en sus despachos y no interactuaban con el resto de los miembros. Entonces decidimos destruir todas las divisiones, sustituirlas por paredes de cristal y convertir la cocina en un espacio abierto”.

Esta es una de las dinámicas habituales que hemos visto en la última década. En los inicios el coworking era sinónimo de espacios abiertos, era una solución asequible para freelancers y pequeños equipos. A medida que la situación económica en cada país mejoró y nuevas generaciones se incorporaban al mercado laboral, el servicio que habían ofrecido los centros de negocios, las oficinas privadas, volvían a resultar atractivos pero las preferencias habían cambiado y la gente empezó a buscar estos servicios en coworking. Estas modificaciones provocaron ciertas olas que hicieron que algunos operadores leyeran mejor que otros el mercado y se adaptaran más rápido y con mayor éxito al cambio.

Sharing E.C.

“El posicionamiento actual de Sharing E.C. es el de un coworking low cost. Hemos pasado por todos los posicionamientos posibles previamente pero este es el que nos funciona ahora”. Sin embargo, su postura como low cost es un tanto peculiar ya que por ejemplo incluye el café, un espacio dedicado a la siesta, seguro y una muy buena conexión a internet, según nos cuenta Matías, opciones que no corresponderían a lo que entendemos por un coworking en esta categoría. Obviamente, no podía dejar así este asunto y profundicé un poco más, “las sillas Herman Miller son caras”, así inició una parte de la conversación en la que entendí que Sharing E.C. ocupa un espacio en un complejo mercado en el que han aparecido jugadores que ofrecen este servicio de forma gratuita como la aceleradora de Google, Banco Santander, Banco Itaú o Facebook. Probablemente, a consecuencia de lo anterior han cerrado muchos de los coworking “de barrio” (espacios independientes de pequeñas dimensiones) y en la franja alta tenemos un jugador internacional como WeWork que está pujando para quedarse con el sector del mercado que tiene mayor potencial de crecimiento y unos márgenes más altos.

Sharing E.C.

En medio de este caos, que no deja de ser similar al de otras localizaciones, quizá con la salvedad de la abundancia de espacios gratuitos impulsados por el sector privado, Sharing trata de ofrecer un servicio de calidad pero sin entrar en lujos a nivel de mobiliario u otros elementos que no consideran imprescindibles para su objetivo, ocupando la parte media del mercado en la que Matías se siente como pez en el agua con un espacio de 1000m2, suficientemente grande para que no se lo considere significativo, al mismo tiempo que sus gastos operativos se mantienen bajo control para poder ofrecer precios más competitivos en la franja más alta del mercado.

FIN DE LA PRIMERA PARTE


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Feliz Coworking!